14 de mayo de 2013

"El Triunfo de Baco" o "Los Borrachos" - Comentario de Obra




Nos encontramos ante una obra de Diego Velázquez, pintor español, perteneciente al estilo barroco. Tras haberse formado en el taller de Fco. Pacheco, es nombrado pintor de cámara de Felipe IV (donde realizará la obra a comentar). En 1626 se produce una transformación de su arte, adquiriendo un gusto por todo el arte pasado y por la obra de Rubens. Su visita a Italia no le paso desapercibida, realizando más tarde, cuadros de aspecto mitológico como la “Fragua de Vulcano”, con una marcada influencia italiana. 

La especialización, más tarde, en el retrato, conseguirá una máxima expresión en el naturalismo que luego encontraremos reflejado en su última etapa. En ésta, es decir, en su etapa culminante, a la que pertenece la obra a analizar, nos encontramos con innovaciones cromáticas y perfecto dominio del espacio. 

El Triunfo de Baco”, o, vulgarmente llamado “Los Borrachos”, es una pintura de óleo sobre lienzo (165cm x 225cm).En el contexto de la derrota inglesa de la Armada Invencible (1588), con su consecuente disminución de la autoridad española, no supone un decaimiento artístico, sino, al contrario. Es por esto por lo que en el siglo XVII y XVIII localizamos a los mayores maestros de la escuela española (Velázquez). Los monarcas acuden a ellos, y a flamencos e italianos para así realzar su poder. El contacto con Italia acerca el Barroco a España, dando lugar a un Neoclasicismo severo. Simultáneamente se esta desarrollando el arte en las colonias españolas de las Américas, lo que supone un gran tránsito de cultura y un reflejo artístico de todo esto. Portugal acaba derrocando a la autoridad española logrando una oleada de producción artística. 

El dibujo y la línea de la obra, se encuentran bien definidas en algunos objetos como la jarra y la cerámica y en otros es más abocetado, el hombre del sombrero y el que está a la izquierda de Baco. Los colores usados por el autor, son ocres y colores apagados para los ropajes, exceptuando la piel de Baco (más blanquecina) y el paño que le cubre (blanco y rojo) de tonos más vivos. Además juega con el contraste de fríos para el paisaje y cálidos para las figuras. La perfección con la que están realizadas las texturas, tales como la fluidez del vino, las arrugas en las caras de los borrachos, el vidrio o la suave y pulida piel de Baco (que casi nos recuerda a una escultura de mármol) nos transmite la gran maestría que Velázquez poseía y el naturalismo de su obra, que más adelante hablaremos.


 El espacio se reparte equitativamente, por ello, nos encontramos dos grupos bien distinguidos (izqda. los coronados, dcha. no coronados).
Todo esto, en síntesis, logra unos efectos fascinantes. En la figura de Baco, no solo encontramos una piel más blanca y unos colores más llamativos, sino que el foco de luz recae sobre él, de esta forma logramos entender que ese personaje es el protagonista y que además tiene un carácter divinizado; es un dios. 



El volumen de la obra podemos palparlo en la profundidad, lograda a través de un primer plano en sombra, otro con luz y un tercer plano, también, en sombra, marcando así diferencias de plano. Este contraste, no es el único, también los dos grupos en los que se reparten el espacio, nos hablan de una jerarquía dentro del mismo cuadro, entendiendo que a pesar de que el grupo de la izquierda son menores en cantidad que los de la derecha, está repartido equitativamente por la importancia de los primeros y la vulgaridad de los segundos. Esto, también podemos verlo en el naturalismo del cuadro, a la derecha mucho más destacado que a la izquierda.  A pesar de encontrar esta separación en el cuadro, se crea una unidad mediante el juego de miradas. Todos menos el propio dios, observan a otro personaje del grupo, incluso podemos encontrar dos personajes (uno directamente y otro de reojo) que buscan adentrarnos en la obra y formar parte de lo que se acontece allí, dirigiendo su mirada hacia el espectador. De esta forma se crea una unidad en la que estamos incluidos nosotros.



 La composición se entorna en dos diagonales entrecruzadas, con el centro en la cabeza del hombre al que están coronando. Además, la diagonal que forman las tres cabezas de la izquierda, nos recuerda a “La Adoración de los Reyes Magos”.



En cuanto al movimiento, la imagen nos refleja una escena que no es una “pose”. Exceptuando el hombre que mira de frente (situado en posición de posar, quieto), el resto interactúa, ya sea, asomándose para mirar (personaje arriba izda.), agachándose para ser coronado o quitándose el sombrero. Este último movimiento, es logrado a la perfección mediante la difuminación del rasgo facial, lo que produce esta sensación tan realista.


Indudablemente, la plasmación de este tema mitológico implica un estudio y una cercanía con la Antigüedad, destaca la ya mencionaba piel “marmólea” del dios, la cual demuestra que el conocimiento por la escultura griega era latente. Se trata del primer tema mitológico que pinta este autor; la misma temática nos recuerda al pasado griego, ya que el dios representado es Dionisos (Baco, en latino). La obra a pesar de todo, tiene un marcado carácter naturalista (sobre todo los personajes de la derecha), lo que demuestra también una sensibilidad especial de su época. La influencia de Rubens (amigo del autor), se plasma en las figuras, además del desnudo, por el contorno más voluptuoso del cuerpo de los personajes. También podemos encontrar una influencia de Caravaggio, en cuanto al juego de sombras.

El tema mitológico del cuadro se remonta a la historia de amor entre Júpiter (romano)/ Zeus (griego) y Sémele, hija de Cadmo, rey de Tebas. Su unión amorosa supuso un embarazo y también una base de celos para Juno (Hera), la cual convirtiéndose en la nodriza de la princesa, Béroe, le aconsejo que le pidiera a Zeus, para demostrar su amor, que se le mostrara tal y como era. Sémele, incauta, así hizo y debido a su carácter finito y de inferioridad, muere consumida por las llamas. El niño que esperaba, Baco se salvó gracias a una hiedra que se interpuso entre el pequeño y las llamas. Júpiter para salvarlo lo injertó en su muslo, al nacer del muslo de su padre fue bautizado como “el nacido dos veces”. Baco, era un semidiós, que acabará convirtiéndose en un dios enteramente. Júpiter dejó a Baco con su tía Ino (hermana de Sémele), advirtiéndola de que debía vestir al niño con ropas femeninas para que Juno no lo descubriera, a pesar de ello, lo descubre. Ante esto, Júpiter lo manda cuidar por las Ninfas, las cuales lo convierten en cabrito. Esta solución tampoco es la correcta y Juno infunde al niño la privación del juicio (íntimamente relacionado con la vid). Sileno (ayudante de las Ninfas), le enseña el cultivo de la vid, especializándose éste en ello y, convirtiéndose en el dios de la vida, conocimiento y sobretodo libertad (ya que el vino eliminaba las preocupaciones). Baco se dedicó a pregonar el cultivo de la vid y sus beneficios para los hombres, tal y como se representa en la obra. Es por esto, por lo que encontramos abundantes fiestas en su honor, imagen de la orgía y el desenfreno: “Bacanales”.







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