26 de septiembre de 2013

La Virgen del Claustro - Santa María de Vallbona

Las obras de arte que encontramos en España en muchas ocasiones son desconocidas y/o poco valoradas. No hay más que pasearse por los distintos lugares de nuestra geografía para encontrar una gran riqueza artística, que no debería pasar desapercibida tanto en arquitectura, como escultura o pintura.

Cataluña es uno de los sitios donde el arte se desarrolló de una forma especial. Concretamente, la Orden del Císter estableció varios monasterios que constituyen la llamada "Ruta del Císter", integrada por el Real Monasterio de Santa María de Poblet, el Real Monasterio de Santes Creus y el Real Monasterio de Santa María de Vallbona.

En en éste último, situado en Vallbona de les Monges (Lleida), encontramos la imagen de Santa María, también llamada La Virgen del Claustro. Fue realizada en el siglo XII durante el románico, aunque presenta un estilo de transición entre el románico y el gótico. Actualmente se encuentra en la  Capilla de la Mare de Déu del Claustre (S.XVI-XVIII). Se trata de una escultura de bulto redondo realizada en piedra.  Encontramos una Virgen sedente, en actitud protectora hacia su hijo, el Niño Jesús, situado en su rodilla derecha, bendiciendo con una mano y sujetando las escrituras en la otra. 



En el contexto del románico, se trata de una figura realmente excepcional, ya que no se adapta al modelo exacto del momento. La escultura solía estar supeditada a la arquitectura, a diferencia del gótico donde encontramos la escultura exenta (es decir, escultura independiente, no adosada a una estructura arquitectónica). Ésta se realizaba de una forma didáctica sin buscar la belleza de las figuras.

Además encontramos reflejado el modelo arcaico. Durante el románico resultó ser muy común encontrar esta influencia que podemos apreciar en las mejillas sin blandura, los labios delineados únicamente, el hieratismo de las figuras y la falta de expresión que nos acerca a una herencia del arte bizantino. La escultura románica no buscaba acercarse al modelo real sino a la esencia. La Virgen era la Virgen sin necesidad de que fuera una figura despampanante, el simple hecho de lo que representaba era lo importante. Esta idea también la trasladamos a otras representaciones como la de Cristo bajando de la cruz, sin dolor y sin desesperación. La idea en sí, ya lo era.

La Virgen durante el Románico gozaba de poca importancia, su papel se reducía a la Madre de Jesucristo, y en las representaciones durante el románico se entiende su función como trono del Niño. Por ello, normalmente la Virgen aparece sentada con el Niño entre sus dos piernas. A medida que entramos en el período gótico, el niño se desplaza hacia una de las piernas, concediendo a la Virgen un papel más importante, y, la Virgen interactúa con su hijo por lo que quedan igualados en importancia. 

En la escultura de la Virgen del Claustro, el Niño se desplaza hacia una pierna. La Virgen no interactúa de forma explícita, pero recoge al niño con sus manos de una forma clara, en actitud protectora, como una madre, no como un mero trono. El ropaje de la Virgen, a pesar de no estar tan definido como el de una Virgen gótica, deja relucir unos pliegues en la parte derecha,a la vez que las piernas quedan remarcadas. Esto transmite un dinamismo a la obra que es complementado con su ondulado pelo.

Como hemos dicho antes, el dinamismo no era una característica del románico sino más bien gótica. Recalcando este aspecto, hemos de fijarnos en las facciones, tanto de la Virgen como del Niño, la actitud hierática es clara, los ojos almendrados, las cejas en semicírculo, la ausencia de mejillas blandas. No podríamos determinar cuál es la expresión de sus caras salvo por el detalle de la sonrisa,que constituida únicamente por una linea, proporciona tanto a la Virgen como al Niño una ligera sonrisa que contrasta con la habitual rigidez y seriedad que encontramos en otras figuras románicas.


Uno de los elementos que más llaman la atención de ésta escultura son las manos desproporcionadas que tienen las representaciones. Tanto el Niño como la Virgen fueron realizados con las manos más grandes de los normal. Esta forma de representar las manos es muy típica del período románico en el que la necesidad de destacar elementos dentro de los diferentes personajes hacían que no pasaran desapercibidos para el espectador.

En este caso, el Niño nos recuerda a las mandorlas místicas con el pantócrator, en el que se representa la mano bendiciendo con gran tamaño, para poder distinguir bien cuál es la actitud que mantiene. La otra mano posada sobre las escrituras y también con tamaño desproporcionado, provoca la necesidad de que la mirada del publico se fije en las mismas.

En el caso de la Virgen, y contrarrestando la importancia que hemos comentado que el escultor la otorga,presenta unas manos grandes que rodean la figura del Niño Jesús, pretendiendo que enfoquemos la mirada en la representación del Niño Jesús, otorgándole el protagonismo al hijo de Dios.

Actualmente la Virgen esta hecha de piedra desnuda, pero hemos de tener en cuenta que en otro tiempo estuvo policromada, siguiendo la costumbre del estilo gótico. Esta característica quizás puede ser una más de su carácter de transición.

La aparición del Monasterio de Santa María de Vallbona supuso una serie de beneficios en la comarca. Hasta la aparición de la abadía la zona estaba deshabitada por su suelo pantanoso donde las tierras no se podían cultivar. La llegada de la abadía deseco el valle y promovió el asentamiento de granjas y pueblos. Es por esto por lo que la Virgen de la abadía se relacionó con el origen de ésta prosperidad. Esta idea ha perdurado hasta nuestros días en los que todavía algunas mujeres realizan sus súplicas para lograr el embarazo.

Bien merece una visita estos monasterios en los que descubriréis otros muchos atractivos artísticos.


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