13 de junio de 2014

San Apolinar in Classe - Mosaico ábside Central




Durante el año 527 al 565 d.C nos encontramos con un periodo de esplendor político, económico y artístico. Justiniano accederá al poder en el 527 d.C del imperio de Oriente. Su política fue muy radical, centralizó y reformó toda la administración fortaleciendo la unidad política y monárquica, concediéndole una relación al sentido áulico y la religiosidad, que se ve reflejada entre otras cosas en el arte.  La obsesión por la religión, también, se materializó en la persecución de religiones que las migraciones de otras culturas habían traido al imperio de Oriente, como son los nestorianos y los arrianos. Ésta etapa artística se denominó “Primera Edad de Oro Bizantina”.

Justiniano logra equiparar su poder al de los grandes emperadores romanos, entre otras cosas a través del arte. A pesar de la importancia romana, el triunfo del cristianismo también estará presente; el emperador es un nuevo apóstol y de ahí emerge su importancia y el carácter áulico-religioso de sus construcciones. 

La basílica de San Apolinar en Classe (población a 4 Km de Rávena) fue financiada por el obispo Ursicino y fue consagrada en el  549 d.C. El ábside es un claro ejemplo de la llamada “Reconciliatio” que Justiniano aplicó en Rávena. Una característica que hace de este mosaico una representación excepcional es su carácter anicónico destinado a los iniciados. 



La escena principal,  nos muestra la escena de la Transfiguración reflejada en la Biblia. El fondo nos recuerda por un lado al jardín del Paraíso y por otro lado; al monte donde se produce la Transfiguración. La representación del monte es muy relevante, ya que en ella podemos observar la representación de olivos y cipreses dotados de cierto realismo. Éste hecho nos revela una herencia de la tradición iconográfica romana donde las representaciones buscaban un halo de realismo, que aquí vemos reflejado. En el centro encontramos una gran cruz enjoyada donde podemos observar varias inscripciones, tales como; “ICHTUS”, acróstico de las iniciales de Jesucristo y, además de “pez”. También observamos los símbolos del alfa y el omega del Apocalipsis que representan el principio y el fin. Además encontramos la inscripción “Salus Mundi”, cuya significación no es otra que, gracias al sacrificio de Cristo-Dios, el mundo se ha salvado. El clípeo enjoyado, nos hace alusión a la segunda venida y a la Redención, debido a que tal y como dice la Biblia: "Mas el material de este muro era de piedra jaspe; y la ciudad era de un oro puro tan trasparente que se parecía a un vidrio o cristal sin mota. Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados con piedras preciosas” haciendo referencia a la nueva Jersusalén del cielo. 

Dentro del clípeo nos encontramos la representación de Cristo barbado al estilo siriaco, ésta forma de representar a Cristo procede del intercambio de objetos traídos desde Tierra Santa por los peregrinos hasta Rávena y sus alrededores.  En la parte superior y a cada lado de la cruz encontramos la representación de Elías y Moisés, profetas y testigos, tanto de esta escena como del pasaje del Apocalípsis. Entre ambos profetas encontramos una mano apareciendo del cielo correspondiente a la parte divina de Dios-Cristo. En el versículo de Mateo se relata la forma en la que Cristo terrenal demuestra a Pedro, Juan y Santiago la idea de que Él es Dios, la dualidad terrenal y divina de su persona. Es por esto por lo que la representación de Dios (divino) aparece en la parte superior, mientras que Dios (terrenal o Jesucristo) aparece en la parte central de la cruz.


 

La propia naturaleza se fragmenta en tres registros, en el primero encontramos la representación de los tres apóstoles testigos de la escena como son Pedro, Juan y Santiago en forma de tres corderos, dos a la derecha y uno a la izquierda que suben la cabeza hacia la cruz. En el registro central encontramos un intento de perspectiva y unidad de la escena. En el registro inferior, encontramos de nuevo la representación de corderos, ésta vez doce dispuestos en fila remarcando el borde inferior del ábside propiamente dicho. La composición es muy concreta, los corderos en actitud de avanzar hacia la parte central y seis de ellos contrapuestos a otros seis. Todos los corderos son separados por pequeños arbustos y flores. La representación de los corderos corresponde a la representación de los doce Apóstoles con las cabezas levantadas hacia la cruz, o por otra parte, la representación de la población de Rávena ante la imagen de su pastor San Apolinar, que a su vez dirige las oraciones a Cristo. Teniendo en cuenta la posibilidad de la no igualdad cronológica del santo y los corderos, la primera idea resulta más factible.









Inmediatamente en la parte inferior del clípeo nos encontramos la figura de San Apolinar. Se cree que la figura del santo fue colocada posteriormente. Esta nueva representación se realizó, en el mismo momento en el que se trasladaron los restos del santo desde el  nártex de la basílica hasta el centro de la nave principal, es por esto por lo que no se termina de integrar en la composición del ábside ni tampoco en la temática. 




El marco del ábside que rodea la escena principal es puramente decorativo con motivos heráldicos, vegetales y con diferentes tipos de pájaros. En el vértice encontramos la representación de un corazón junto a una paloma blanca que nos hace pensar que corresponde al Espíritu Santo y, de esta forma a la Santísima Trinidad.






El arco triunfal que enmarca la bóveda tiene varios registros, a la hora de analizarlos, comenzaremos por la parte superior. Allí observamos una escena representativa del cielo, y, donde encontramos de nuevo, la imagen de Cristo siriaco en un tondo. A los lados de Jesucristo en actitud de bendecir, nos encontramos el tetramorfos clásico, pero en este caso representados con el busto del animal o representación habitual (león, águila, humano, toro). 








En el registro inmediatamente inferior, nos encontramos con la representación confrontada de dos ciudades amuralladas. El fondo de oro junto a las nubes azules y roseo-rojizas nos habla de un lugar más terrenal. Ambas ciudades tienen una techumbre cónica de color rojo y amarillo-anaranjado, esto es un símbolo de la Iglesia de los Gentiles. Ambas ciudades son las representaciones de Jerusalén y Belén, ciudades sagradas normalmente representadas como grandes fortificaciones decoradas con joyas. De nuevo, encontramos a los fieles en forma de corderos, aunque igualmente el número de corderos es doce por lo que también podría ser un simbolismo de los Apóstoles. 





El tercer registro son dos palmeras  a ambos lados del ábside que están cargadas de dátiles. La representación de las palmeras es un tema muy recurrente en este momento, haciendo alusión al Paraíso. Bajo estas palmeras nos encontramos con el cuarto registro del mosaico exterior, en este caso tenemos la representación de dos arcángeles uno a cada lado. Ésta nos recuerda a las jambas que flanquean una entrada. En este caso, los arcángeles Miguel y Gabriel van vestidos a la romana, es decir con túnica blanca y charretas bordadas además del clámide púrpura, los zapatos realizados en cuero rojo con perlas,  a la manera de funcionarios imperiales o  como los generales bizantinos (strategas). 


Entre los luneros de las ventanas, al fondo del ábside, hay una serie de obispos de Rávena. Éstos permanecen inmóviles, hieráticos, sobre sus cabezas cuelga una corona votiva, como ya hemos visto en otras representaciones y, asisten al santo participando en la oración, de éstos sabemos sus identidades. 

Por último, en los laterales del ábside podemos observar dos escenas que representan: a la derecha, la escena de Abel, Melquesidec y Abraham con un carácter litúrgico, y con una clara asociación a la idea del sacrificio y su consecuente utilización en la parte solemne del canon de la Misa, en el rito romano. Y a la izquierda  vemos a Constantino IV Pogorato y su corte. Estas escenas fueron realizadas en época posterior.

En definitiva, nos habla mediante un lenguaje simbólico y una composición elaborada, en la que encontramos varias secuencias de tiempo, que en principio podrían parecer inconexas. Ésto se refleja en la presencia de los obispos contemporáneos de ese momento (presente), el pasado bíblico (pasado) y la Segunda Venida de Cristo (futuro). Se trata de una representación excepcional elegida especialmente por ese intento de combatir el arrianismo (tema de la Transfiguración que recalca la “equivocación” de los arrianos en sus creencias). Las características de la misma responden a la escuela ravenesa del mosaico, y nos introduce en una primera etapa bizantina, aunque indudablemente hemos de destacar la relevancia y asociación que tiene con el mundo antiguo, convirtiéndolo en una obra tardorromana fundamental. Nos remite también a la importancia del cristianismo sobre el resto de religiones ,y nos habla del reinado de un importante emperador como fue Justiniano.

BIBLIOGRAFÍA

BUIGNANI, Alberto. Los mosaicos de Rávena. Editado por III. Cuadernos del instituto Italiano de Madrid, 1959.
Grabar, A. La edad de oro de Justiniano. España: El universo de las formas, 1966.
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 GRABAR, Iconoclasme, 154
LA BIBLIA



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